06 – REVISTA DE LA ASOCIACION INTERAMERICANA DE PRESUPUESTO PUBLICO

Año II – Nº 6, Caracas, Venezuela

Junio 1975

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Tapa2006espInvestigación Fiscal y Presupuestaria

Está de actualidad el análisis de los problemas de la eco­nomía mundial y su incidencia en la vida económica y social de cada país.

La crisis que afloró en 1973 ha producido desequilibrios y alteraciones en materia de intercambio comercial, posiciones de endeudamiento internacional, sistemas de abastecimiento, ocupación, canalización de inversiones, etc. La situación mone­taria y fiscal ha adquirido peculiares características. En general, como en todo período recesivo, el sector público ha recibido la presión de los requerimientos sociales y al mismo tiempo ha visto menguar sus recaudaciones por los efectos directos de la crisis en el sistema tributario y —adicionalmente— por las políticas de liberalización de la carga impositiva dispuestas para condicionar la recuperación. La crisis ha generado efectos secundarios y ulteriores sobre el sistema económico, que se expresan en importantes cambios en la ocupación de factores, en el costo relativo de éstos y, en lo que es más visible: en los índices de precios.

En el área de las economías en donde coexiste la gestión privada y pública, surge en estos momentos preocupación por la inflación. Es esta una vieja y conocida dolencia ya diagnos­ticada en los países subdesarrollados, que ahora se ha genera­lizado en los países que forman el centro de la economía mundial.

Sin que en cada país hayan sido superadas las causas es­tructurales generadoras de los desequilibrios internos en los que se ha apoyado la inflación endémica de su evolución econó­mica, los países de América Latina son ahora golpeados dura­mente por los efectos de la inflación “importada”. En estricto apego a la verdad, este fenómeno no es nuevo.

El pausado deterioro de los términos de intercambio que por largos años perjudicó a las economías de América Latina, ha sido en buena parte una solución de “exportación” de infla­ción de los países centro a los subdesarrollados, en la que aquellos mantenían en equilibrio sus economías y los países subdesarrollados absorbían el cociente importado de inflación en su ya intrínsecamente compleja y desequilibrada situación económica y social. De ello derivó la también sistemática acumulación de riquezas en los países centro de la economía mundial en detrimento de los del área del subdesarrollo, y la protesta reiterada de éstos en la denuncia de que en la lucha por el desarrollo las distancias entre países ricos y pobres se extienden antes que acortarse.

Hoy, la tasa inflacionaria de los países centro, por su mag­nitud, no puede trasladarse al exterior sin antes dejar dentro de las propias economías graves efectos y —por otro lado la cuota que se traslada no puede ser absorbida tan desaper­cibidamente como antes, por los sistemas económicos de los países retrasados.

En estas circunstancias todo el mundo está preocupado por la inflación.

En las grandes economías desarrolladas esa preocupación es evidente. Se expresa en medidas restrictivas internas, en normas de protección externas, y en la permanente presencia del tema, todo dentro de un clima de medidas para la “recupe­ración nacional”. Esto ocurre en los países industrializados.

Pero ¿cuál es la preocupación en los países de América Latina? En primer lugar, parece ser que por tratarse de un área —salvo excepciones— endémicamente habituada a altos ritmos de inflación, el hecho no angustia tanto. En segundo lugar, da la impresión de que aceptando como inmutables las ataduras de hecho y la dependencia respecto a la suerte de las economías centro, se espera de la recuperación de aquéllas para salir del paso. En tercer lugar, cuando se actúa aplicando líneas de solución se utilizan correctivos similares a los que pretenden ser válidos para los modelos de economías desarro­lladas. En la tónica de alguna de estas opciones de conducta se expresan también propósitos de otro signo, con preocupa­ción nacional, que en algunos casos ensayan medidas aisladas no siempre coherentes y en general sin fuerza para compensar factores externos. En la realidad, tales inquietudes aisladas carecen del apoyo de un análisis técnico-teórico autónomo de las corrientes que se gestan y nacen en otras realidades.

Es a nuestro juicio importante traer a colación estas con­sideraciones sobre el tema de la inflación en la oportunidad en que el V Seminario Interamericano de Presupuesto, que se estará realizando en Quito cuando este número esté en im­prenta, tiene en su temario el punto I I : “Política fiscal y esta­bilidad económica”. Se trata de analizar la forma más adecuada de definir los efectos de la política presupuestaria y el manejo del presupuesto como instrumento de incidencia en la coyuntura para evitar la agudización de los desequilibrios y en lo posible compensarlos.

El problema de la estabilidad y el equilibrio, alterados en nuestros países por factores reales de gran magnitud (desocupa­ción; irracional distribución del ingreso; distorsión de la estruc­tura productiva en relación a la demanda real y potencial; falta de equilibrio sectorial y regional en la vinculación de los factores productivos; distorsiones especulativas muy marcadas en la intermediación financiera y comercial, etc.), debe ser un temade urgente análisis específico, en cada realidad nacional, a partir de los parámetros de su propia problemática.

En el IV Seminario Interamericano de Presupuesto, celebrado en México en mayo de 1974, los participantes acordaron muy precisamente que:

“…en  el diseño de la política fiscal más adecuada para el desarrollo de cada uno de los países de América La­tina, no es admisible concebir una teoría única del gasto público comprensiva de las diferentes situaciones y esta­dios de desarrollo de los mismos. Se coincidió, como de mayor validez, analizar métodos que —permitiendo a cada país determinar su propia política fiscal tras sus objetivos de desarrollo—, posibiliten, en la fase de planificación global y programación de las actividades estatales, condi­ciones para evaluar adecuadamente los planes, programas y proyectos del sector público”.

Entendemos que el sentido de este acuerdo es muy claro. válido tanto para el diseño de políticas de gasto público de mediano como de corto plazo. Nadie de afuera a la propia reali­dad de cada país podría concebir una solución ajustada a los desequilibrios en que se apoya el fenómeno inflacionario y a la forma cómo podrían incidir los gastos públicos en ellos, máxime que estudios que provengan de fuera de fronteras tendrán el riesgo de volver a extrapolar para nuestros países— como ya ha pasado históricamente— soluciones que sólo sirvan para corregir o mitigar el problema de las economías ya desarrolladas.

Ante este riesgo, será conveniente que los expertos que trabajan o investigan en materia fiscal y presupuestaria, orienten su análisis, la selección de temas y el método de investigación, de modo que el problema se encuadre en las necesidades de su propio país como única forma para que las soluciones sean las que realmente se necesitan.

Jorge Irisity J.

Caracas, Junio de 1975.

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